miércoles, 17 de junio de 2026

 

ATAQUES DE EEUU A IRÁN (I)

 

ARMADA PERSA

El gobierno estadounidense ha sido terminante. Trump expresó el 19 de mayo que, para él, la Armada iraní “ha desaparecido por completo”. En tanto que para su Secretario de Estado, Marco Rubio, a los persas ya no les quedaba Armada. “Todo eso ha sido destruido, así que están peor y más débiles”, le comentó a Fox News el 27 de abril. Mas recientemente, el 4 de junio, el mandatario norteamericano afirmó que su país había destruido 159 buques de Irán; y hasta aseguró que contaban con pruebas fotográficas.

Mas precisos en sus declaraciones han sido los altos mandos del Pentágono. El 8 de abril, con el alto al fuego ya vigente, el jefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Aérea, el general Dan Caine, le dijo a la prensa: “La armada iraní está en el fondo del mar. Ya sean los buques de la clase Soleimani, sus fragatas, sus preciados portaaviones no tripulados, submarinos o minadores, todos hundidos. La Armada iraní yace prácticamente en el fondo del Golfo Pérsico, y estimamos que hemos hundido más del 90 por ciento de su flota regular, incluyendo todos sus principales buques de guerra de superficie. Quince buques se encuentran en el fondo del océano, al igual que la mitad de las lanchas de ataque de la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). El fuego conjunto, proyectado desde tierra, mar y aire, ejecutó más de 700 ataques contra objetivos de minas navales, y estimamos que destruimos más del 95% de sus minas”.

El 14 de mayo, el alto mando del Comando Central de EEUU, el almirante Brad Cooper, ratificó ante el Comité de Servicios Armados del Senado lo transmitido por Caine: “Destruimos un total de 161 buques de 16 clases diferentes, paralizando de hecho la capacidad operativa del régimen. Eliminamos más del 90% del otrora enorme inventario de más de 8.000 minas navales, con más de 700 ataques aéreos contra objetivos de minas navales iraníes”.

Cooper manifestó que Teherán no recuperará el nivel de su Armada durante toda una generación. Para el almirante, Irán ya no puede proyectar su influencia en el Golfo de Omán ni en el Océano Índico, por lo que ya no representa una amenaza para la operabilidad de las fuerzas estadounidenses; sin embargo, aún cuenta con capacidad suficiente como para amenazar a los buques en el estrecho de Ormuz. Esto ultimo no es un aspecto menor.

La prensa iraní se refirió al tema en una columna publicada por Hispan TV el 13 de junio, titulada “¿Está la Marina iraní ‘en el fondo del mar’? Desmontando la mentira más repetida de la administración Trump”, en la que refuta la información norteamericana, principalmente, en base al argumento de que “la persistencia de la capacidad naval de Irán y sus operaciones en el estrecho de Ormuz desmontan la narrativa de EEUU sobre la aniquilación de la Marina iraní”.

De hecho, en torno a esa premisa –y a que la marina estadounidense ha operado, mayormente, a cierta distancia del Golfo Pérsico- fue que el gobierno iraní y su prensa afín informaron sobre el estado de su Armada. La decisión fue contrarrestar la información estadounidense en los mismos términos absolutos que Washington. Así fue que los persas se dedicaron la mayor parte del tiempo a negar cualquier tipo de destrucción importante en su flota, algo que le restó credibilidad a sus declaraciones, de la misma forma que las afirmaciones grandilocuentes a la administración Trump.

Pero la nota mencionada se distingue del resto, y reconoce parte de los daños. “Lo que Washington omite deliberadamente es que casi todos los buques localizados, atacados y hundidos pertenecían a la flota de superficie convencional de la Armada de la República Islámica de Irán. Fragatas, corbetas y embarcaciones ancladas en puertos conocidos, visibles mediante imágenes satelitales y rastreables por activos de inteligencia que las observaban desde hacía años, fueron los objetivos atacados”.

Sin embargo, el autor de la columna aclara que la verdadera capacidad de disuasión marítima de Irán nunca se construyó en torno a esos buques, sino en la premisa de que, en cualquier guerra contra una gran potencia, su flota de superficie convencional sería destruida, por lo que su doctrina se diseñó en torno a aquello que sobreviviría a esa destrucción. “Lo que sobrevive es la Marina del CGRI, y la guerra impuesta de 40 días no ha cambiado esa realidad”.

Esta precisión, que Washington menciona al pasar, es fundamental para determinar el estado de la marina persa y de los daños infligidos por los ataques estadounidenses.

La estrategia marítima iraní -explica la prensa islámica- se basa en tres pilares: su vasto arsenal de minas navales, sus lanchas rápidas y sus mini submarinos.

Las minas pueden ser desplegadas por pequeñas embarcaciones, o barcos comerciales modificados (indistinguibles del resto del tráfico marítimo de la zona) capaces de convertir, en cuestión de horas, el estrecho de Ormuz en una zona intransitable. Las operaciones de desminado en condiciones de guerra y bajo fuego de artillería costera serían prácticamente imposibles, señala otra nota de Hispan TV.

En segundo lugar, la Armada del CGRI cuenta con miles de lanchas rápidas (algunas capaces de superar los 90 nudos), equipadas con misiles antibuque, y capaces de ocultarse en ensenadas costeras, entre flotas pesqueras y dentro del tráfico de puertos comerciales.

Distinguir estas lanchas rápidas resulta extremadamente difícil incluso para las marinas más avanzadas. “Destruirlas de forma exhaustiva durante una guerra de 40 días es, según expertos militares, prácticamente imposible”, afirman los medios iranies.

Estas embarcaciones pueden lanzar ataques simultáneos desde múltiples ejes. Los sistemas de defensa cercana de los buques estadounidenses solo pueden enfrentarse a un número limitado de blancos al mismo tiempo, por lo que si una nave es atacada por entre 50 y 100 lanchas que se aproximan desde distintos ángulos, sus sistemas de radar y defensa pueden saturarse, aumentando su vulnerabilidad.

Por último, se encuentran los pequeños submarinos de la clase Qadir. Diseñados específicamente para operar en las aguas poco profundas del golfo Pérsico. Los procedimientos convencionales de guerra antisubmarina, desarrollados para los océanos Atlántico y Pacífico, funcionan deficientemente en este entorno.

La táctica de los Qadir consiste en posarse sobre el lecho marino, apagar sus sistemas no esenciales (volviéndose acústicamente indistinguible de la geología del lugar) y esperar. Estos submarinos pueden disparar torpedos y misiles crucero, también pueden colocar decenas de minas navales.

Si bien la mencionada columna del 13 de junio no hace referencia, específicamente, a la magnitud de la destrucción de esta flota no convencional, si lo hace en términos generales.

“Según informó The Wall Street Journal, más del 60 % de la flota del CGRI asignada a patrullar el estrecho de Ormuz permanecía intacta después de seis semanas de guerra. Esa es la flota que coloca minas, aborda embarcaciones y convierte el estrecho en un corredor de alto riesgo. Más del 60 % sigue operativo. La marina ‘destruida’ cuya desaparición Washington anuncia constantemente es la pequeña flota que nunca constituyó la principal amenaza”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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