miércoles, 6 de mayo de 2026

 

EL PEOR FINAL

 

La captura de Nicolas Maduro no tuvo nada que ver con el trafico de drogas. A Estados Unidos no le interesa combatir el narcotráfico. Tal es así, que el gobierno de Donald Trump -en plena andanada de acusaciones contra el presidente venezolano- indultó al ex mandatario de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien había sido condenado por la justicia norteamericana a 45 años de cárcel en junio de 2024 por el envió de más de 400 toneladas de cocaína a territorio estadounidense.

Lo de Maduro tampoco se trato de cuestiones democráticas. De ser así, la Casa Blanca hubiese colocado (propuesto o intentado postular) a Edmundo González, al cual el propio Trump reconoció como ganador. En cambio, Washington no solo no tuvo jamás en consideración a este, sino que tampoco aprobó un gobierno liderado por la verdadera figura política detrás de la candidatura de González, María Corina Machado.   

Trump no insistió demasiado con estas excusas sobre narcotráfico y democracia. Rápidamente, descartó el hipócrita guion liberal plagado de buenas intenciones y, como buen fascista, no se pudo resistir a hacer alarde de su fuerza y su poder. El republicano declaró que en Venezuela ahora mandaba él y que estaban ahí por el petróleo, para recuperar lo que el chavismo les había robado. Y todo esto por que el hemisferio occidental les pertenece, y este dominio nunca volvería a ser cuestionado.

Es cierto que el chavismo se encontraba desde hace años en un fuerte proceso de degradación, inmerso en una deriva autoritaria y neoliberal. Desde 2015, cuando el PSUV no reconoció su derrota en las elecciones parlamentarias, resultaba imposible calificar como democrático al país caribeño. En tanto que, en 2018, el gobierno venezolano oficializó y transparentó su política de ajuste sobre los salarios (que ya venía de 2014/2015), como parte de una restauración del neoliberalismo que abandonó todos los principios socialistas de la revolución bolivariana.

No obstante, es poco probable que esta degradación haya alcanzado hasta el punto de transformar a Venezuela en un narco Estado. En todo caso, ahora el gobierno de Donald Trump deberá probar ante la justicia esta acusación. Por lo pronto, han retirado casi todas las menciones al supuesto Cartel de los Soles en el texto de su acusación ante la corte del Distrito Sur de Nueva York.

Si en la acusación original de marzo de 2020 el Departamento de Justicia norteamericano mencionaba 32 veces al Cártel de los Soles, en la de 2026 solo lo hace en dos oportunidades.

Si en la primera se acusaba que “Nicolas Maduro Moros ayudó a administrar y, finalmente, a liderar el Cártel de Los Soles a medida que ganaba poder en Venezuela. Bajo el liderazgo de Maduro Moros y otros, el Cártel de Los Soles buscaba no solo enriquecer a sus miembros y aumentar su poder, sino también ‘inundar’ Estados Unidos con cocaína”. Dos veces más se menciona a Maduro como líder del Cártel. En otro pasaje se lee: “El Cártel de Los Soles, bajo el liderazgo de Maduro Moros y otros, priorizó el uso de la cocaína como arma contra Estados Unidos”. Finalmente, se consigna que, “Nicolas Maduro Moros, (…), actuaron como líderes y gestores del Cártel de Los Soles y de la conspiración narcoterrorista con las FARC”.

En tanto que en la de este año, desparece toda referencia a la conducción de un cártel por parte del ex presidente venezolano, y se habla de que “Nicolas Maduro Moros -al igual que el ex presidente Chávez- es participe, perpetuador y protector de una cultura de corrupción en la que poderosas élites venezolanas se enriquecen mediante el narcotráfico y la protección de sus socios narcotraficantes. Las ganancias de esta actividad ilegal van a parar a manos de funcionarios civiles, militares y de inteligencia corruptos, quienes operan en un sistema clientelar dirigido por los que están en la cima, conocido como el Cartel de Los Soles, en referencia al emblema del sol que lucen los uniformes de los altos mandos militares venezolanos”.

Por su parte, en lo que refiere a las versiones sobre que Maduro habría sido traicionado y entregado a EEUU por miembros de su propio gobierno, en primer lugar, esto no haría más que reafirmar el ya mencionado proceso de degradación del chavismo. Que la vicepresidenta y otros altos dirigentes del Estado conspirasen para derrocar y entregar a su presidente al enemigo (a quien ejerce el liderazgo del PSUV desde hace más de diez años, sin oposición y colocado a dedo por el propio Chávez), sería la prueba final de la crisis terminal de la revolución bolivariana.

Puede que haya habido traición. Eso se sabrá con el tiempo. El principal problema con esta hipótesis es que parece querer posicionar a Maduro como enfrentado a Estados Unidos en pos de la defensa de los intereses de Venezuela, algo totalmente falso. Maduro estaba de acuerdo con el retorno de las petroleras estadounidenses.

En su última entrevista, concedida a Le Monde Diplomatique, el ex mandatario afirmó: “Que si quieren petróleo de Venezuela, está lista Venezuela para inversiones estadounidenses como con Chevron”.

Estas declaraciones coinciden con informaciones previas que aseguraban que Maduro le habría prometido a Trump acceso a los recursos naturales venezolanos.

En la entrevista, el ex mandatario menciona la situación de Chevron. Esta compañía había sido de las pocas autorizadas a continuar sus operaciones en Venezuela, cuando en enero de 2019 la primera administración de Donald Trump impuso sanciones contra PDVSA. Pero en abril de 2020 esta exención fue revocada y solo se le permitió a Chevron las actividades necesarias para el mantenimiento de sus instalaciones en el país caribeño.  

En noviembre de 2022, la empresa pudo retomar la extracción y comercialización de petróleo venezolano, pero con ciertas condiciones. La licencia emitida por la administración Biden, le permitía a las empresas mixtas -en la que Chevron estaba asociado con PDVSA- la venta de petróleo, aunque exclusivamente a Estados Unidos. Prohibía la compra de insumos para la producción a empresas iranies; así como toda transacción con empresas rusas ubicadas en Venezuela. Tampoco permitía el pago de impuestos o regalías al Estado de venezolano, ni de dividendos a PDVSA (ni siquiera en petróleo).

Bajo estas disposiciones, Chevron operó desde 2022 en el país, firmando nuevos contratos con el gobierno de Maduro en diciembre mismo de ese año, a pesar de que la obligación de comerciar solo con Estados Unidos y la prohibición de transacciones con otros países le quitaban, en los hechos, el control operativo de PDVSA sobre la empresa compartida con Chevron y sobre el recurso mismo, algo que atentaba contra las leyes venezolanas (artículo 22 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos).  

Otra cesión de soberanía del gobierno de Maduro, además de otra ilegalidad, era la renuncia al cobro de impuestos, regalías y dividendos (artículos 44 al 48 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos). La licencia establecía que el petróleo o sus derivados producidos por la empresa mixta podrían ser exportados a Estados Unidos previa venta de este a Chevron, por lo que la ganancia para Caracas se produciría en esa instancia, aunque la opacidad de las cuentas venezolanas no permiten saberlo.

Pero si no bastase con esta deriva neoliberal y autoritaria, la vergonzosa rendición ante Estados Unidos configura el ultimo estadio de este proceso de degradación del chavismo, el fin definitivo del proyecto bolivariano.

La capitulación del PSUV se produjo luego de años de reivindicar el poderío de las FANB. De la campaña de entrega de armas al pueblo y la formación de las milicias. De la propaganda sobre la perfecta unión pueblo-policía-ejercito.

Su descarado servilismo ante Washington llega también después de acusar hasta al Partido Comunista de imperialista.

¿Dónde estaban las FANB cuando los estadounidenses bombardearon su país y secuestraron a su presidente? ¿Dónde estaba la policía? ¿Dónde estaban las milicias populares? ¿Por qué no presentaron batalla? ¿Por qué no salieron a enfrentar al invasor? Los únicos que ofrecieron resistencia fueron los miembros de la guardia presidencial. Las otras bajas correspondieron a quienes se encontraban en las bases militares bombardeadas.  

Cuarenta minutos le duró a los norteamericanos el ejercito altamente preparado que prometía hacerle frente al imperio y regalarle su vietnam latinoamericano.

Igual de ignominiosa fue la respuesta de la dirigencia del PSUV, quienes se plegaron rápidamente a colaborar con Washington. A cuatro días de secuestrado Maduro, ya le estaban entregando su petróleo; seis días después de que bombardearan su país, ya estaban operando conjuntamente con la armada estadounidense; y en tan solo doce días de los asesinatos de venezolanos y cubanos, ya estaban cambiando sus leyes para entregar sus riquezas a las petroleras del norte.

Demostrando que a la elite gobernante de Caracas hace rato que ya no le importaba su gente, ni la soberanía (ni hablemos de socialismo); solo le interesa mantenerse en el poder para poder seguir dándose la gran vida en un país arruinado por el bloqueo estadounidense y por la restauración neoliberal que ellos mismos operaron.

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