miércoles, 20 de mayo de 2026

 

IRÁN NO HA GANADO LA GUERRA

No se trata de menospreciar la respuesta de Irán al ataque de Estados Unidos. La propia prensa de este país ha dado cuenta de los daños infligidos a las bases del Pentágono en la región.

Se puede afirmar que, a diferencia de lo ocurrido el año pasado, el contrataque de los persas ha estado a la altura de sus posibilidades. Sin embargo, esto no significa, de ninguna manera, que Teherán se haya hecho con la victoria.

Sí, han logrado golpear infraestructura estadounidense; pero no la han destruido por completo. Tampoco han ocasionado grandes pérdidas ni en las fuerzas aéreas ni en su armada, así como importantes bajas entre sus tropas. Los norteamericanos no han sido expulsados de la región.  

Los iranies están perdiendo la guerra y, casi con total seguridad, el desenlace de esta les será desfavorable.

Irán ha sufrido el bombardeo de su territorio. Washington ha lanzado sus misiles y su aviación ha invadido su espacio aéreo, destruyendo infraestructura militar y civil. También han asesinado a altos mandos de la República Islámica ¿Cuántos ataques han logrado llevar a cabo con éxito los persas en suelo estadounidense? ¿Cuántos dirigentes del gobierno norteamericano han depuesto?

¿Y dentro de las altas esferas israelíes? Es que si bien Irán ha golpeado al país hebreo, estos ataques han distado de alcanzar la magnitud con la que los iranies prometieron responder si Tel Aviv volvía a arremeter contra su territorio.

Porque si puede catalogarse como audaz la decisión de atacar infraestructura estratégica de los países árabes vecinos ¿No puede considerarse también como una muestra de su incapacidad para golpear más fuerte a Israel? ¿Acaso Irán no tendría que haber concentrado todas sus capacidades contra los hebreos?

Un país agredido puede repeler o sobrevivir a un ataque, pero esto difícilmente puede considerarse una victoria. Tal es el caso de Vietnam y Corea, en las que son consideradas las dos grandes derrotas del imperio estadounidense.

Los vietnamitas lograron expulsar al invasor, pero este dejo un país arrasado tras su retirada. En tanto que, en el caso de Corea, las perdidas en vidas e infraestructura destruyeron la península que, además, en su parte sur, se encuentra hasta el presente ocupada por las fuerzas norteamericanas.

No resulta injusto considerar que la única manera de que un país invadido pueda reclamar una victoria es en un desenlace semejante al de Rusia en sus guerras contra la Francia napoleónica y la Alemania nazi. En ambas contiendas, los eslavos no solo lograron expulsar al agresor, sino que llegaron a tomar Paris y Berlín, lo que les permitió establecer condiciones para la resolución del conflicto. Así y todo, la destrucción sufrida por el gigante euroasiático relativizó en gran parte su condición de ganador.

Aquellos que aseguran que Irán está ganando la guerra afirman que las instancias de negociación pedidas por el gobierno de Trump son una prueba de esto. No es un mal argumento. Sin embargo, se olvidan que Washington ya usado en dos ocasiones estos periodos de dialogo a modo de distracción o preparación para el uso de la fuerza.  

A su vez, quienes interpretan estas instancias diplomáticas en este sentido, muchas veces también afirman que el ejército estadounidense y sus aliados se encuentran exhaustos y con dificultades para continuar la batalla. Mencionan faltante de suministros para llevar a cabo ataques, así como el agotamiento de las capacidades defensivas. Entonces ¿Por qué Irán no le da el golpe de gracia a su enemigo? ¿Por qué no aprovecha su debilidad para expulsarlo definitivamente de sus fronteras? ¿Por qué decide darle un respiro cuando se encuentra se encuentra diezmado?

Aceptando esta supuesta faltante de recursos del Pentágono, el pedido de alto al fuego por parte del gobierno de Trump también puede interpretarse como que es la Casa Blanca la que dicta los tiempos de la contienda. En vista de que necesita tiempo para reabastecerse, sopesar sus pérdidas y errores, y ajustar la estrategia para continuar, la tregua puede considerarse como ventajosa para EEUU y no solo como una muestra de debilidad.

Otro elemento mencionado por quienes sostienen que son los iranies quienes están ganando la guerra es el repetido aplazamiento de las fechas limites establecidas por el republicano para la reapertura del estrecho de Ormuz. Es totalmente valido tomar esto como una muestra de debilidad de la posición norteamericana. Mas aun la rápida suspensión del Proyecto Libertad.

Difícilmente Estados Unidos pueda poner fin al bloqueo iraní sin un enfrentamiento directo, sin una batalla franca con miles de soldados en el terreno y el despliegue de sus activos navales y aéreos. Pero sería erróneo asimilar esta negativa a una falta de capacidad de Washington, más bien se trata de escoger la estrategia más apropiada.

Puede que en el Pentágono consideren que la manera en que se está desarrollando el conflicto es la adecuada y no crean conveniente una escalada. Hasta ahora, utilizando su poder misilístico y aéreo, Estados Unidos ha hecho la guerra sin sufrir grandes pérdidas. Desplegar el ejército en territorio enemigo, cambiara drásticamente este escenario.

Tal como demostró la guerra fría, las disputas geopolíticas no se ganan necesariamente enfrentando al adversario en una contienda abierta y declarada. El imperio estadounidense conquistó el mundo no solo a base de su poder de fuego. En ocasiones, ni siquiera precisó apelar a este. En otras, Washington combatió a sus enemigos por interposición, movilizando las capacidades de aliados contra estos; a veces, sin siquiera revelar su implicación.

También se dice que Trump ha perdido la guerra porque no ha podido desbancar al régimen de los ayatolas. A pesar de las declaraciones de la Casa Blanca ¿Quién puede afirmar que ese era el verdadero objetivo de la operación? ¿De verdad piensan que en el Pentágono creían posible cambiar el sistema iraní sin tropas propias o aliadas en el terreno? Entre los que sostienen que es Irán el victorioso ¿De veras creen que EEUU puede cambiar el gobierno persa únicamente mediante bombardeos?

Hay ciertas contradicciones en el relato de una parte de los analistas de política internacional que sostienen que Estados Unidos es un imperio en decadencia, que su poder, en declive, palidece o ya no es suficiente para hacerle frente a sus adversarios. Esos mismos comentaristas, al dar por cierto que el objetivo de Washington era el cambio de régimen, aceptan la posibilidad de que tan solo con una campaña aérea, los norteamericanos podían derrocar el gobierno de una nación milenaria de noventa millones de habitantes y un vasto territorio.

Deben ponerse de acuerdo. O EEUU es tan poderoso como para acometer esa compleja hazaña o es un régimen en descomposición. Por su parte, en lo que respecta a los persas, o estos son tan poderosos como para vencer a las fuerzas armadas con (por lejos) el presupuesto más grande del mundo; o Irán es tan débil como para que su sistema de gobierno perezca sin haber perdido el control del territorio.

Ciertamente estos analistas podrán aducir que es signo de esta decadencia imperial (además del avance económico chino) la toma de decisiones erróneas, la sobre representación de su propio poder y la subestimación de las capacidades del enemigo, imbuidos por el deseo de aferrarse a un pasado que desparece y la resistencia a reconocer nuevas realidades más desfavorables.

También se puede advertir cierta irracionalidad en algunas decisiones de la Casa Blanca, condicionadas por el peso excluyente de su poderoso complejo industrial-militar y por el millonario negocio que representa la guerra, que predisponen a recurrir a la opción militar, cuando se podrían alcanzar ciertos objetivos de manera más eficiente por la vía de la diplomacia.

Pero otra cosa muy distinta es afirmar que en el Pentágono consideraban posible derrocar a la República Islámica únicamente por medio de una campaña aérea. Los dirigentes de Washington pueden ser ladrones, asesinos o corruptos, pero no estúpidos.

 

  

miércoles, 6 de mayo de 2026

 

EL PEOR FINAL

 

La captura de Nicolas Maduro no tuvo nada que ver con el trafico de drogas. A Estados Unidos no le interesa combatir el narcotráfico. Tal es así, que el gobierno de Donald Trump -en plena andanada de acusaciones contra el presidente venezolano- indultó al ex mandatario de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien había sido condenado por la justicia norteamericana a 45 años de cárcel en junio de 2024 por el envió de más de 400 toneladas de cocaína a territorio estadounidense.

Lo de Maduro tampoco se trato de cuestiones democráticas. De ser así, la Casa Blanca hubiese colocado (propuesto o intentado postular) a Edmundo González, al cual el propio Trump reconoció como ganador. En cambio, Washington no solo no tuvo jamás en consideración a este, sino que tampoco aprobó un gobierno liderado por la verdadera figura política detrás de la candidatura de González, María Corina Machado.   

Trump no insistió demasiado con estas excusas sobre narcotráfico y democracia. Rápidamente, descartó el hipócrita guion liberal plagado de buenas intenciones y, como buen fascista, no se pudo resistir a hacer alarde de su fuerza y su poder. El republicano declaró que en Venezuela ahora mandaba él y que estaban ahí por el petróleo, para recuperar lo que el chavismo les había robado. Y todo esto por que el hemisferio occidental les pertenece, y este dominio nunca volvería a ser cuestionado.

Es cierto que el chavismo se encontraba desde hace años en un fuerte proceso de degradación, inmerso en una deriva autoritaria y neoliberal. Desde 2015, cuando el PSUV no reconoció su derrota en las elecciones parlamentarias, resultaba imposible calificar como democrático al país caribeño. En tanto que, en 2018, el gobierno venezolano oficializó y transparentó su política de ajuste sobre los salarios (que ya venía de 2014/2015), como parte de una restauración del neoliberalismo que abandonó todos los principios socialistas de la revolución bolivariana.

No obstante, es poco probable que esta degradación haya alcanzado hasta el punto de transformar a Venezuela en un narco Estado. En todo caso, ahora el gobierno de Donald Trump deberá probar ante la justicia esta acusación. Por lo pronto, han retirado casi todas las menciones al supuesto Cartel de los Soles en el texto de su acusación ante la corte del Distrito Sur de Nueva York.

Si en la acusación original de marzo de 2020 el Departamento de Justicia norteamericano mencionaba 32 veces al Cártel de los Soles, en la de 2026 solo lo hace en dos oportunidades.

Si en la primera se acusaba que “Nicolas Maduro Moros ayudó a administrar y, finalmente, a liderar el Cártel de Los Soles a medida que ganaba poder en Venezuela. Bajo el liderazgo de Maduro Moros y otros, el Cártel de Los Soles buscaba no solo enriquecer a sus miembros y aumentar su poder, sino también ‘inundar’ Estados Unidos con cocaína”. Dos veces más se menciona a Maduro como líder del Cártel. En otro pasaje se lee: “El Cártel de Los Soles, bajo el liderazgo de Maduro Moros y otros, priorizó el uso de la cocaína como arma contra Estados Unidos”. Finalmente, se consigna que, “Nicolas Maduro Moros, (…), actuaron como líderes y gestores del Cártel de Los Soles y de la conspiración narcoterrorista con las FARC”.

En tanto que en la de este año, desparece toda referencia a la conducción de un cártel por parte del ex presidente venezolano, y se habla de que “Nicolas Maduro Moros -al igual que el ex presidente Chávez- es participe, perpetuador y protector de una cultura de corrupción en la que poderosas élites venezolanas se enriquecen mediante el narcotráfico y la protección de sus socios narcotraficantes. Las ganancias de esta actividad ilegal van a parar a manos de funcionarios civiles, militares y de inteligencia corruptos, quienes operan en un sistema clientelar dirigido por los que están en la cima, conocido como el Cartel de Los Soles, en referencia al emblema del sol que lucen los uniformes de los altos mandos militares venezolanos”.

Por su parte, en lo que refiere a las versiones sobre que Maduro habría sido traicionado y entregado a EEUU por miembros de su propio gobierno, en primer lugar, esto no haría más que reafirmar el ya mencionado proceso de degradación del chavismo. Que la vicepresidenta y otros altos dirigentes del Estado conspirasen para derrocar y entregar a su presidente al enemigo (a quien ejerce el liderazgo del PSUV desde hace más de diez años, sin oposición y colocado a dedo por el propio Chávez), sería la prueba final de la crisis terminal de la revolución bolivariana.

Puede que haya habido traición. Eso se sabrá con el tiempo. El principal problema con esta hipótesis es que parece querer posicionar a Maduro como enfrentado a Estados Unidos en pos de la defensa de los intereses de Venezuela, algo totalmente falso. Maduro estaba de acuerdo con el retorno de las petroleras estadounidenses.

En su última entrevista, concedida a Le Monde Diplomatique, el ex mandatario afirmó: “Que si quieren petróleo de Venezuela, está lista Venezuela para inversiones estadounidenses como con Chevron”.

Estas declaraciones coinciden con informaciones previas que aseguraban que Maduro le habría prometido a Trump acceso a los recursos naturales venezolanos.

En la entrevista, el ex mandatario menciona la situación de Chevron. Esta compañía había sido de las pocas autorizadas a continuar sus operaciones en Venezuela, cuando en enero de 2019 la primera administración de Donald Trump impuso sanciones contra PDVSA. Pero en abril de 2020 esta exención fue revocada y solo se le permitió a Chevron las actividades necesarias para el mantenimiento de sus instalaciones en el país caribeño.  

En noviembre de 2022, la empresa pudo retomar la extracción y comercialización de petróleo venezolano, pero con ciertas condiciones. La licencia emitida por la administración Biden, le permitía a las empresas mixtas -en la que Chevron estaba asociado con PDVSA- la venta de petróleo, aunque exclusivamente a Estados Unidos. Prohibía la compra de insumos para la producción a empresas iranies; así como toda transacción con empresas rusas ubicadas en Venezuela. Tampoco permitía el pago de impuestos o regalías al Estado de venezolano, ni de dividendos a PDVSA (ni siquiera en petróleo).

Bajo estas disposiciones, Chevron operó desde 2022 en el país, firmando nuevos contratos con el gobierno de Maduro en diciembre mismo de ese año, a pesar de que la obligación de comerciar solo con Estados Unidos y la prohibición de transacciones con otros países le quitaban, en los hechos, el control operativo de PDVSA sobre la empresa compartida con Chevron y sobre el recurso mismo, algo que atentaba contra las leyes venezolanas (artículo 22 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos).  

Otra cesión de soberanía del gobierno de Maduro, además de otra ilegalidad, era la renuncia al cobro de impuestos, regalías y dividendos (artículos 44 al 48 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos). La licencia establecía que el petróleo o sus derivados producidos por la empresa mixta podrían ser exportados a Estados Unidos previa venta de este a Chevron, por lo que la ganancia para Caracas se produciría en esa instancia, aunque la opacidad de las cuentas venezolanas no permiten saberlo.

Pero si no bastase con esta deriva neoliberal y autoritaria, la vergonzosa rendición ante Estados Unidos configura el ultimo estadio de este proceso de degradación del chavismo, el fin definitivo del proyecto bolivariano.

La capitulación del PSUV se produjo luego de años de reivindicar el poderío de las FANB. De la campaña de entrega de armas al pueblo y la formación de las milicias. De la propaganda sobre la perfecta unión pueblo-policía-ejercito.

Su descarado servilismo ante Washington llega también después de acusar hasta al Partido Comunista de imperialista.

¿Dónde estaban las FANB cuando los estadounidenses bombardearon su país y secuestraron a su presidente? ¿Dónde estaba la policía? ¿Dónde estaban las milicias populares? ¿Por qué no presentaron batalla? ¿Por qué no salieron a enfrentar al invasor? Los únicos que ofrecieron resistencia fueron los miembros de la guardia presidencial. Las otras bajas correspondieron a quienes se encontraban en las bases militares bombardeadas.  

Cuarenta minutos le duró a los norteamericanos el ejercito altamente preparado que prometía hacerle frente al imperio y regalarle su vietnam latinoamericano.

Igual de ignominiosa fue la respuesta de la dirigencia del PSUV, quienes se plegaron rápidamente a colaborar con Washington. A cuatro días de secuestrado Maduro, ya le estaban entregando su petróleo; seis días después de que bombardearan su país, ya estaban operando conjuntamente con la armada estadounidense; y en tan solo doce días de los asesinatos de venezolanos y cubanos, ya estaban cambiando sus leyes para entregar sus riquezas a las petroleras del norte.

Demostrando que a la elite gobernante de Caracas hace rato que ya no le importaba su gente, ni la soberanía (ni hablemos de socialismo); solo le interesa mantenerse en el poder para poder seguir dándose la gran vida en un país arruinado por el bloqueo estadounidense y por la restauración neoliberal que ellos mismos operaron.

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