ATAQUES DE EEUU A IRÁN (I)
ARMADA PERSA
El gobierno estadounidense ha sido terminante. Trump expresó el 19 de mayo que, para él, la Armada
iraní “ha desaparecido por completo”. En tanto que para su Secretario de Estado, Marco Rubio,
a los persas ya no les quedaba Armada. “Todo eso ha sido destruido, así que
están peor y más débiles”, le comentó a Fox News el 27 de abril. Mas recientemente, el 4 de junio, el mandatario
norteamericano afirmó que su país había destruido 159 buques de Irán; y hasta
aseguró que contaban con pruebas fotográficas.
Mas precisos en sus
declaraciones han sido los altos mandos del Pentágono. El 8 de abril, con el
alto al fuego ya vigente, el jefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Aérea,
el general Dan Caine, le dijo a la prensa: “La armada iraní está en el
fondo del mar. Ya sean los buques de la clase Soleimani, sus fragatas, sus
preciados portaaviones no tripulados, submarinos o minadores, todos hundidos.
La Armada iraní yace prácticamente en el fondo del Golfo Pérsico, y estimamos
que hemos hundido más del 90 por ciento de su flota regular, incluyendo todos
sus principales buques de guerra de superficie. Quince buques se encuentran en
el fondo del océano, al igual que la mitad de las lanchas de ataque de la
Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). El fuego conjunto,
proyectado desde tierra, mar y aire, ejecutó más de 700 ataques contra
objetivos de minas navales, y estimamos que destruimos más del 95% de sus
minas”.
El 14 de mayo, el alto
mando del Comando Central de EEUU, el almirante Brad Cooper, ratificó
ante el Comité de Servicios Armados
del Senado lo transmitido por Caine: “Destruimos un total de 161 buques de 16
clases diferentes, paralizando de hecho la capacidad operativa del régimen.
Eliminamos más del 90% del otrora enorme inventario de más de 8.000 minas
navales, con más de 700 ataques aéreos contra objetivos de minas navales
iraníes”.
Cooper manifestó que Teherán
no recuperará el nivel de su Armada durante toda una generación. Para el almirante, Irán ya no puede proyectar su
influencia en el Golfo de Omán ni en el Océano Índico, por lo que ya no representa una amenaza para la
operabilidad de las fuerzas estadounidenses; sin embargo, aún cuenta con
capacidad suficiente como para amenazar a los buques en el estrecho de Ormuz. Esto ultimo no es un aspecto menor.
La prensa iraní se
refirió al tema en una columna publicada por Hispan TV el 13 de junio, titulada
“¿Está la Marina iraní ‘en el fondo del mar’? Desmontando la mentira más
repetida de la administración Trump”, en la que refuta la información
norteamericana, principalmente, en base al argumento de que “la persistencia de
la capacidad naval de Irán y sus operaciones en el estrecho de Ormuz desmontan
la narrativa de EEUU sobre la aniquilación de la Marina iraní”.
De hecho, en torno a
esa premisa –y a que la marina estadounidense ha operado, mayormente, a cierta
distancia del Golfo Pérsico- fue que el gobierno iraní y su prensa afín informaron sobre el estado de su Armada. La decisión
fue contrarrestar la información estadounidense en los mismos términos
absolutos que Washington. Así fue que los persas se dedicaron la mayor parte
del tiempo a negar cualquier tipo de destrucción importante en su flota, algo que le restó credibilidad a sus declaraciones, de la misma forma que las afirmaciones
grandilocuentes a la administración Trump.
Pero la nota mencionada
se distingue del resto, y reconoce parte de los daños. “Lo
que Washington omite deliberadamente es que casi todos los buques localizados,
atacados y hundidos pertenecían a la flota de superficie convencional de la
Armada de la República Islámica de Irán. Fragatas, corbetas y embarcaciones
ancladas en puertos conocidos, visibles mediante imágenes satelitales y
rastreables por activos de inteligencia que las observaban desde hacía años,
fueron los objetivos atacados”.
Sin embargo, el autor de la columna aclara que la verdadera
capacidad de disuasión marítima de Irán nunca se construyó en torno a esos
buques, sino en la premisa de que, en cualquier guerra contra una gran
potencia, su flota de superficie convencional sería destruida, por lo que su
doctrina se diseñó en torno a aquello que sobreviviría a esa destrucción. “Lo
que sobrevive es la Marina del CGRI, y la guerra impuesta de 40 días no ha
cambiado esa realidad”.
Esta precisión, que
Washington menciona al pasar, es fundamental para determinar el estado de la
marina persa y de los daños infligidos por los ataques estadounidenses.
La estrategia marítima
iraní -explica la prensa islámica- se basa en tres pilares: su vasto
arsenal de minas navales, sus lanchas rápidas y sus mini submarinos.
Las minas pueden ser desplegadas por pequeñas
embarcaciones, o barcos comerciales modificados (indistinguibles del resto del
tráfico marítimo de la zona) capaces de convertir, en cuestión de horas, el
estrecho de Ormuz en una zona intransitable. Las operaciones de desminado en
condiciones de guerra y bajo fuego de artillería costera serían prácticamente
imposibles, señala otra nota de Hispan TV.
En segundo lugar, la Armada del CGRI cuenta con miles de
lanchas rápidas (algunas capaces de superar los 90 nudos), equipadas con
misiles antibuque, y capaces de ocultarse en ensenadas costeras, entre flotas
pesqueras y dentro del tráfico de puertos comerciales.
Distinguir estas lanchas rápidas resulta extremadamente
difícil incluso para las marinas más avanzadas. “Destruirlas de forma
exhaustiva durante una guerra de 40 días es, según expertos militares,
prácticamente imposible”, afirman los medios iranies.
Estas embarcaciones pueden lanzar ataques simultáneos desde
múltiples ejes. Los sistemas de defensa cercana de los buques estadounidenses
solo pueden enfrentarse a un número limitado de blancos al mismo tiempo, por lo
que si una nave es atacada por entre 50 y 100 lanchas que se aproximan desde
distintos ángulos, sus sistemas de radar y defensa pueden saturarse, aumentando
su vulnerabilidad.
Por último, se encuentran los pequeños submarinos de la
clase Qadir. Diseñados específicamente para operar en las aguas poco profundas del
golfo Pérsico. Los procedimientos convencionales de guerra antisubmarina,
desarrollados para los océanos Atlántico y Pacífico, funcionan deficientemente
en este entorno.
La táctica de los Qadir consiste en posarse sobre el lecho
marino, apagar sus sistemas no esenciales (volviéndose acústicamente indistinguible
de la geología del lugar) y esperar.
Estos submarinos pueden disparar torpedos y misiles crucero, también pueden
colocar decenas de minas navales.
Si bien la mencionada columna del 13 de junio no hace
referencia, específicamente, a la magnitud de la destrucción de esta flota no
convencional, si lo hace en términos generales.
“Según informó The Wall Street Journal, más del 60 % de la
flota del CGRI asignada a patrullar el estrecho de Ormuz permanecía intacta
después de seis semanas de guerra. Esa es la flota que coloca minas, aborda
embarcaciones y convierte el estrecho en un corredor de alto riesgo. Más del 60
% sigue operativo. La marina ‘destruida’ cuya desaparición Washington anuncia
constantemente es la pequeña flota que nunca constituyó la principal amenaza”.